Cuando la naturaleza hace sentir su fuerza/Frontera Trail

Frontera Trail llegó a situarse entre las carreras más reconocidas del circuito nacional, debido a que las inclemencias del cielo temuquense, aportaron con una lluvia que llenó de emociones a los participantes de su primera versión.

Barro y más barro. En las zapatillas, en el cuerpo y el cara. La lluvia cayó con toda su energía en la primera versión de Frontera Trail y cada distancia tuvo que saber lidiar con un obstáculo natural, que puso a prueba el temple de principiantes y experimentados.

Esta carrera quedará en la modesta historia de Trail Running chileno, por la cantidad de barro que lanzó por el suelo a los corredores y corredoras más diestros, junto a quienes recién se atreven con la ultradistancia, transformando a la experiencia en un gran desafío.

Elegí los 30 km porque estoy trabajando en mi rendimiento para la Travesía Tiltil Lampa, sin embargo, ello no fue obstáculo para disfrutar de la belleza del Parque Rucamanque, que se ubica en el corazón de La Araucanía y se caracteriza por sus bosques generosos en robles, ulmos y lingues, entre otras especies, que parecían lucir un renovado verdor bajo la lluvia a ratos torrencial otros como garúa, pero siempre al acecho.

Dado que el circuito articulaba un ascenso hasta más allá del kilómetro 17, era previsible un circuito más o menos complejo, para luego enfilar en un gran descenso hasta la meta, sin embargo, con lluvia y barro todo era mucho más difícil porque hasta la técnica más depurada requería habilidades de equilibrista e incluso suerte, para no terminar bañado en lodo.

“Me saqué la cresta”, me dijo un corredor con medio cuerpo embarrado y sonrisa de niño, tratando de explicar lo obvio y lo que ocurría a cada rato. Vi nobles gestos preguntando: ¿Cómo tai?, ¿te dolió?, ¿podíh correr?, en especial porque el riesgo era alto, entonces quien llegaba al suelo y seguía indemne era una especie de héroe o heroína.

La velocidad fue aumentando de a poco, en la medida que se acercaba el gran descenso, fueron apareciendo los corredores y corredoras de las otras distancias (60, 42 y 15 km) evidenciando que fácil no les había tocado, pero poniendo todo de sí en lograr su objetivo.

Vi a mi profe Héctor Pino en la ruta dando instrucciones al Emma, uno de mis amigos y compañeros que iba adelante y quien se caracteriza por tener un tremendo ritmo, pero se notaba cansado, así que decidí “ponerle weno”, como se dice en jerga trailera.

Al pasar a su lado, se sorprendió y comenzamos una pequeña competencia. Cada uno se puso a la cabeza del otro en su momento, hasta que lentamente pude mantener el ritmo y aumentarlo. Decidí no mirar atrás… El cielo se abrió y luego arreció la lluvia que a esa altura se sentía tibia, dada la emoción de la proximidad de la meta.

Casi sin aliento en el último tramo, añoraba escuchar a “La voz del trail”, pero nada oía. Es que siempre es un poco más lejos y esta no fue la excepción. Seguí adelante pese al cansancio, hasta que comencé a acercarme a la zona de la meta. Al fondo a la derecha, brazos en alto y lo había logrado. Unos minutos después llegó mi compañero, nos abrazamos, bromas por mil y a celebrar: la lucha contra el barro había terminado.

[[justified_image_grid ids=”large” ids=”6188,6177,6179″]

Autor: Freddy Jadue

Related Posts

Leave a comment

You must be logged in to post a comment.